El cañón de humo es una barrera física de disuasión: al detectar una intrusión, el operador lo activa en remoto desde la central y en segundos llena el espacio de humo denso, impidiendo que el delincuente vea y se lleve tus bienes.
El Gran Concepción combina industria pesada, actividad portuaria y comercio urbano denso. Cada uno tiene su propio patrón de riesgo, y el monitoreo se configura según lo que ocurre de verdad en cada recinto.
Recintos extensos con material de alto valor y perímetros largos que no se cubren con una ronda.
Movimiento de carga a toda hora, donde el registro de patentes en accesos es lo que da trazabilidad.
Locales con público de día y cortina de noche, con la turba como riesgo concentrado en minutos.
Andenes de carga y merma interna, que se hacen visibles cruzando movimiento con horario declarado.
Lluvia y neblina degradan la imagen visible. En perímetros críticos la cámara térmica mantiene la detección.
Accesos y estacionamientos, con protocolo definido junto a la administración.
El servicio no depende de tener una central en la ciudad: depende del enlace y de las cámaras del recinto. Por eso la cobertura es la misma en todo Chile y el tiempo de reacción no cambia con la distancia.
Se conecta a las cámaras que ya existen, siempre que la imagen y el enlace sean suficientes. Se revisa antes de contratar.
La inteligencia artificial clasifica antes de alertar y descarta animales, vegetación y cambios de luz.
Ninguna reacción se dispara sola: una persona abre la cámara y confirma antes de vocear o llamar.
El altoparlante del recinto detiene la mayoría de los intentos en el momento, sin esperar a que llegue nadie.
Se define a quién se avisa y en qué orden: responsable del recinto, guardia o Carabineros.
Cada evento queda fechado y disponible, listo para el parte policial y para el seguro.